miércoles, 31 de julio de 2013

En 1536 comenzó la historia del mito de El Dorado


Sebastián Belalcazar
De Quito nos vino El Dorado en la imaginación de Benalcazar y es que hasta los años treinta y seis (1536)  no se supo, ni se había inventado este nombre del Dorado, porque ese año lo impuso el teniente general Sebastián Belalcázar  y sus soldados en la provincia y ciudad de Quito (Fray Pedro Simón).

Belalcázar es un pueblo de la provincia de Córdoba, España.  Allí, en el seno de una familia de labriegos, nació Santiago Moyano y, a la edad de quince años, se fugó de su casa  y andando y andando llegó a Sevilla, donde Pedrarias Dávila, un osado navegante de ultramar, preparaba una expedición.  En ella, hacia Panamá, se alistó Santiago y adoptó como apellido el nombre de su pueblo y con ese nombre de Santiago de Belalcázar inició su carrera hasta los confines del Dorado.
         Muy temprano obtuvo el grado de capitán.  Bastó con demostrar su arrojo moneando hasta la copa de un gigantesco árbol, desde donde pudo divisar un punto habitado en medio de la confusión de una selva intrincada en la que los expedicionarios se hallaban atrapados.
         Después, acompañó a Diego de Almagro y Francisco Pizarro en una excursión por el istmo.  De aquí pasó a Nicaragua, asistió a la conquista de León y fue nombrado su primer Alcalde.  Más tarde, desde el Perú, fue requerido por Pizarro para incursionar en San Miguel de Piura y, siendo gobernador de esta villa, supo que Pedro de Alvarado intentaba conquistar el reino de Quito, por lo que se le adelantó junto con Diego de Almagro, pues estaba enterado de que había surgido una coyuntura favorable para tal empresa en virtud de la rivalidad existente que consumía a Atahualpa y Huáscar, entre quienes el soberano inca Huayna Cápac había dividido su reino.  Al final, Atahualpa hizo ejecutar a su hermano Huascar para quedarse con todo, pero el reino le duró poco pues a pesar de la gran resistencia de Rumiñahui, uno de los mayores guerreros del inca, Quito cayó en manos de Belalcázar y Almagro, quienes aparecen como los fundadores de San Francisco de Quito, 6 de diciembre de 1534, sobre el mismo valle donde estaba la ciudad indígena.
         Especulaciones históricas sostienen que la orden dada por Atahualpa para eliminar a su hermano Huáscar, nunca fue cumplida y que éste, con su gran tesoro, huyó internándose  en las mansiones verdes del norte siguiendo el curso del Marañón y la Orinoquia e instalándose con su corte en un misterioso punto geográfico entre la sierra andina y Guayana.  Ese punto, llamado Manoa por los conquistadores, trascendió como una ciudad dorada.  Dorada por su Rey o Señor que se empolvaba de oro mezclado con resina (trementina) extraída de una conífera.
         Lo cierto es que siendo Sebastián de Belalcázar  gobernador de Quito y deseando conquistar nuevos territorios, se orientaba interrogando a indios venidos de otros lugares.  Así, interrogó a uno que le contó lo del Dorado.  El misionero Pedro Simón, cronista de Indias, en “Noticias Historiales de Venezuela”, escrita entre 1604 y 1623, cita la versión del indio forastero en estos términos.  ¨ Que un señor entraba en una laguna, que estaba entre unas sierras, con unas balsas y el cuerpo todo desnudo y untado con trementina, y sobre ella, por todo el cuerpo cuajado de polvos de oro, con que relumbraba mucho ¨
         Hasta entonces (1536), dice el misionero franciscano, no se conocía el vocablo  ¨ ni se había inventado el nombre del Dorado porque este año lo impuso el teniente general Sebastián Belalcázar y sus soldados en la provincia de Quito ¨ y suponiendo que se trataba de un lugar territorialmente definido, lo identificó como Provincia de El Dorado.  Desde ese momento, tanto el nombre como la leyenda  aguijonearon el espíritu aventurero y codicioso de los hombres que arribaban al Nuevo Mundo.
         Belalcázar no perdió tiempo e inmediatamente organizó una expedición de 300 hombres a su mando en busca de la misteriosa ciudad y así andando penetró  en Colombia y colonizó la región meridional, exploró parte del valle de Cauca y creó las ciudades de Cali y Popayán (1536), atravesó la cordillera central, llegó al valle del Magdalena y luego subió a la conquista de la meseta de los chibchas donde ya se había adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada y fundado Santa Fe de Bogotá el 6 de agosto de 1538.  Posteriormente llegó Nicolás Federman y en reunión de los tres, Belalcázar informó  de lo realizado en el curso de  su expedición y de cómo su propósito fundamental consistía en poder dar con el rico reino de El Dorado. 
Después de la fundación de Bogotá, Federman, Jiménez de Quesada y Belalcázar decidieron marcharse a España, para dar cuenta de sus expediciones y conseguir del Consejo de Indias la delimitación de sus respectivas provincias.  Desde entonces, puede afirmarse, que comenzó a rodar por el mundo el mito de El Dorado. 
        


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