miércoles, 10 de julio de 2013

El Cerro del Zamuro envuelto en una leyenda

El Cerro del Zamuro es célebre no sólo porque Fitzí Miranda publicó una leyenda que le contó el conserje del Teatro Bolívar  sobre el negro José Zamudio, sino porque en sus faldas el General Manuel Piar concentró parte de su ejército en su fallido intento por tomar la ciudad de Angostura.  Y también, claro, porque allí se levantó un fortín a finales del siglo diecinueve donde se escribió una página de traición para que los Generales Ramón Cecilio Farreras y Nicolás Rolando cayeran frente a las fuerzas castristas comandadas por Juan Vicente Gómez en la última batalla de la Guerra Libertadora en 1902.
            El negro José Zamudio, al parecer, era ayudante de Francisco Carvajal “El Tigre Encaramado” que peleaba en la guerra de independencia de manera muy singular, es decir, con una lanza en cada mano y sosteniendo con los dientes las riendas de su caballo.
            Pues bien, el Cerro del Zamuro debe su nombre, no a Zamudio que luego de colgado en un Araguaney  se hizo incorruptible para los zamuros y casi santo para la población, sino al ave de ese nombre: zamuro, buitre o zopilote, acostumbrado nosotros a ver muy cerca de la carroña que queda del ganado sacrificado o de algún ejemplar de la fauna doméstica o silvestre  dejado tirado en la vía por alguna tragedia vehicular.
            En tiempos de la Colonia y hasta muy avanzado el siglo XX, los zamuros que en México llaman Zopilote,  se posaban sobre las piedras cumbre del cerro para olfatear los desperdicios vacunos de La Matanza de Perro Seco.  Así se llamaba el primer Matadero Público que tuvo la ciudad  a la orilla del Orinoco, donde podían atracar las chalanas con su carga de ganado en pie adquirido en los hatos que bordean las riberas del río.  El nombre de Perro Seco data desde los tiempos de la Colonia.  Piar lo registra en sus partes de guerra y el lugar ha permanecido  connotado como “Perro Seco” en alusión a un musulmán flaco y esmirriado que vivió en ese lugar.  Los españoles menospreciaban  a  los moros  tildándolos de “perros”.
            La leyenda, por definición,  corresponde a hechos imaginarios que se consideran reales aunque a veces en ella se mezcla lo real con la ficción.  Pues bien, tal como lo apunta Fitzí, lo del Fuerte de los Fusilamientos donde el Negro Zamudio vengó la muerte del caballo que le cuidaba al brigadier Miguel de La Torre, es una leyenda que le contó don Luis Rodríguez, conserje del Teatro Bolívar y debe ser así puesto que al cotejarla con la documentación existente pierde todo su valor realmente histórico.  En el cuento, Zamudio vengó la muerte del caballo hiriendo mortalmente a dos soldados que habían participado en el sacrificio ordenado por el Brigadier para mitigar el hambre durante el Sitio de Angostura.  Entonces se le sentenció a morir colgado, pero el cadáver después de cuatro días permanecía incorruptible.
Lo cierto es que allí en el Cerro del Zamuro no existió un Fuerte en tiempos de la Colonia.  El cerro estaba muy apartado de la ciudad.  Bastaría con leer los boletines de los movimientos de Piar en 1817 para darnos cuenta.  La Plaza de Angostura se defendía con baterías emplazadas en puntos estratégicos: calle Orinoco, Malecón La Alameda, Cerro Azul y la parte del Cerro El Vigía que da con Perro Seco o sea El Zanjón y El Temblador.  En lo alto  sólo existía el Almacén de Pólvora Santa Bárbara que era de forma pentagonal y muros como los de un fuerte convertido a finales del siglo XIX en la famosa Caja de Agua que todavía se conserva.  En la misma cumbre del Cerro El Vigía, en tiempos de Dalla Costa, el ingeniero polaco Alberto Lutowsky construiría el Hospital La Cruz, convertido después en un cuartel militar al que le encajetaron el nombre de Capitolio.
El Fortín de El Zamuro que conocemos actualmente data de fines del siglo diecinueve y no de la colonia.   Al comienzo era un puesto de observación dotado de un cañón bajo un techo de palma.  Luego se construyó de piedra y madera una fortificación con troneras en los flancos y rodeado de una empalizada defensiva, para que sirviera de puesto estratégico dotado de una pequeña guarnición.  Eso fue decidido por la experiencia de la Guerra de los Azules y la Revolución de Abril de la que Ciudad Bolívar formó parte.
A raíz de la Guerra Libertadora, el Fortín quedó en muy mal estado y fue reconstruido por el comandante de Armas, Juan Alberto Ramírez.  Con una superficie de 5 hectáreas, ha sido declarado Parque y está sujeto a la Ley respectiva desde el primer mandato de Carlos Andrés Pérez y  fue en ese tiempo que la CVG, luego de estudios realizados por la Gerencia a cargo de Claude Brun, cuando se ejecutaron los trabajos de restauración dentro de un contexto paisajístico ideal que implicó el desalojo de 89 ranchos, construcción  de cerca perimetral del área de expropiación, un camino empedrado de acceso, edificación para información con sanitarios, casa para residencia del vigilante, portón de entrada sobre hemiciclo empedrado y colocación de bustos de varios participantes del Congreso de Angostura.


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