jueves, 25 de julio de 2013

Canaima, enemigo irreconciliable de los Arecunas

El mito de Canaima, divinidad del mal, enemigo irreconciliable de los Arecunas,  pese a que Gallegos lo hace trascender a través de su novela del mismo nombre, es otro novelista, José Berti, quien mejor conoció del mito por haber convivido con la etnia durante casi toda su existencia.  Gallegos apenas estuvo trece días en Guayana y supo de ese mito, ¿por boca de quién?, del mismo Berti o del Conde Cattáneo, quien llevaba buenas relaciones de amistad con el novelista tovareño.  Ambos convivieron en una empresa de explotación minera.

            Lo cierto es que Gallegos cuando vino a Guayana en febrero de 1931 fue atraído por la explotación del Balatá para que le sirviera como eje en su aspiración de escribir una novela de la selva, pero se encontró con ese mito tan sugestivo de Canaima alrededor del cual dio a luz la novela de su nombre que empezó a escribir en Nueva York y terminó en España.
            Allá mismo en España la publicó en 1935 y los primeros ejemplares ingresados a Venezuela fueron decomisados por aquel pasaje de la obra surgido de un diálogo entre Marcos Vargas y Manuel Ladera que lastimaba la susceptibilidad de los censores del Gomecismo:
            -Ahí tiene la historia de Venezuela un toro bravo, tapaojeado y nariceado,  conducido al matadero por un burrito bellaco.
            Sin embargo, la explotación del Balatá la abarca la novela aunque su centro social y sicológicamente  neurálgico es Canaima “dios frenético, principio del mal y causa de todos los males que disputa el mundo a Cajuña el bueno”.
            Escribiendo sobre la obra de Gallegos, el escritor Fernando Aisa señala que Canaima encarna el mito de la selva como deidad maléfica cuyo espíritu deambula sembrando destrucción y muerte.  Como enemigo del ser humano “desata la tempestad, las fieras, los animales venenosos y todo peligro oculto en la selva”.  Canaima invade el espíritu del hombre, inyecta en él la fiebre del oro, la ira y la locura.  Contra él lucha Cajuña, el dios bueno, que siempre sale derrotado.    Este mito aborigen rescatado por Gallegos expresa la eterna lucha entre el bien y el mal.
            En la novela de Berti, “Hacía el Oeste corre el Antabare” la figura de Canaima no obstante ser un mito es más objetiva,  es como el leitmotiv de todos los relatos de la selva allí contenidos y en los cuales son protagonistas miembros del pueblo Arecuna diseminado en tribus entre el Caroní, el Antabare y su principal afluente el Río Paragua.
            Los Arecunas se creen inmortales, pero consciente de que esa inmoralidad tiene un enemigo constante e irreconciliable del cual tendrán que cuidarse en cada paso de su vida.  De manera que la etnia  no cree en la muerte accidentalmente trágica o naturalmente biológica sino en la muerte causada en cualquier forma por un ser extraño, misteriosamente vengativo, diabólico, y que personifican con un sustantivo único: Canaima.  Canaima siempre anda al acecho, calibrando sus andanzas hasta cortarlas.  Canaima los persigue inagotablemente sin cesar.  Es, a decir de Berti “un ser poliforme  que toma  nombres diferentes según el sitio que habite, bajo las aguas, en la cúspide de los montes o en lo profundo de las cañadas; su ubicuidad es portentosa, no hay refugio ni lugar agreste o solitario donde no se esté al alcance de su guadaña impía.  Si un indio enferma de pulmonía, dice que Canaima le dio un golpe en el pecho; si le duele el estómago, dice que Canaima le echó veneno en la comida; si el paludismo endémico en toda la región, le ataca, lo atribuye también a maleficios de Canaima; de manera que Canaima, o sea la muerte, es su implacable y eterno enemigo. Dicen que es un Indio muy feo, negro, desnudo que habita en lóbregas cavernas, en lo más recóndito de la selva y que sólo vieja de noche; sus armas son: un garrote de tres filos y una tapara de veneno”.
            Lo cierto es que este mito de Canaima que subyuga y atormenta a los Arecunas, ha sido constante fuente de inspiración para los creadores literarios, plásticos y musicales que encuentra poesía en los maléfico e incluso ha servido para identificar al Parque y la Laguna de su nombre donde se alza un campamento turístico desde que en los años cincuenta fue dado a conocer por el Capitán aeronáutico Charles Baugham.
            Juan Ramón Suárez Zambrano, profesor de letras y literatura de los Andes merideños en su trabajo “Telurismo Narrativo en José Berti”, habla sobre el inconsciente colectivo de Jung y lo atractivo misterioso de las historias míticas.  Cita también a Frazer sobre la validez del mito y su retención en la memoria como fuente de atracción sobre la imaginación creativa.  De esta manera,  dice,  José Berti participa en su posición individual en aquel inconsciente colectivo comunitario (en este caso de los Arecunas) con la pretensión  de enaltecer y proyectar lo vernáculo, la raíz de lo autóctono venezolano y latinoamericano.          
           

            

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