jueves, 11 de julio de 2013

El canje de la salvación


El Deán de la Catedral de Ciudad Bolívar a mediados del siglo diecinueve, Leandro Aristeguieta (en la foto), hacía milagro con los bienes de los ricos, el mejor modelo fue el acaudalado señor don José Lezama que hasta una calle en el Casco Histórico aún conserva su nombre.
         Y en cuestión de contribuir con la iglesia no se quedaba atrás.  Viendo  que el magnate del oro, Antonio Liccioni, había donado un grupo escultural de motivos religiosos a la Catedral, en tiempos del obispo  Antonio María Duran, don José Lezama, se apresuró a donar el pavimento de mosaico así como el Altar Mayor.
         Don José Lezama era muy católico al igual que don Antonio Liccioni y siempre se veían integrando juntas de fomento para la construcción de obras de utilidad pública como el saneamiento de la Laguna El Provenir.  Ambos acumularon fortuna.  El primero comerciando con oro de las ricas minas de El Callao así como balatá y ganado.  El segundo con bienes raíces y otras transacciones afines. 
Cuando don José Lezama quiso irse con el siglo diecinueve al otro mundo pues ya había vivido lo suficiente y su cuerpo no respondía a las demandas de sus negocios, el Deán de la Catedral, Leandro Aristeguieta, le aconsejó que si realmente quería salvarse del penoso tránsito hacia el cielo, debía como buen  cristiano donar sus propiedades a los pobres, propiedades  que al parecer sumaban 36 casas y predios en el centro urbano y rural. 
“Entonces, por el cielo doy mis bienes” exclamó don José Lezama y así lo hizo constar en su declaración de bienes y testamento de 1874 y 1887, con pleno asentimiento de su segunda esposa Francisca Gutiérrez y dos hijos adoptivos de nacionalidad francesa.
         Entre sus propiedades legadas está la casa de la calle de su nombre (Calle Lezama) de don Víctor Zenón Ortiz, sastre y violinista.  Allí nacieron los ocho hermanos Ortiz, sastres y músicos como su padre, entre ellos, Jorge Ortiz, pianista internacional,  el saxofonista Marcos Ortiz, quien llegó a ser Director de la Banda del Estado, y Teresita Ortiz, eterna organista y cantora de la Catedral.

Maestro de Capilla de la Catedral de Ciudad Bolívar durante los largos períodos episcopales de los obispos Antonio María Durán y Miguel Antonio Mejía, fue siempre don Carlos Afanador, ondulado sobre el inmenso órgano de mil voces que desde Londres hizo traer para donarlo a la Catedral el Gobernador Juan Bautista Dalla Costa ya casi agonizando su gobierno por la pugna permanente entre liberales y conservadores.
         Leandro Ariseguita, el sacerdote que convencía a los ricos para que canjearan sus bienes por el cielo, no olvidó jamás e hizo de eso un apostolado, que gracias a una donación de 2 mil pesos de Manuel Machado, poco antes de morir, hizo posible la ordenación  de 22 sacerdotes de la provincia que vino en buena hora a cubrir las vacantes de sacerdotes fallecidos durante el lapso 1844 a 1854. Entre los sacerdotes ordenados estaban José Leandro Aristeguieta, pariente cercano del Libertador, quien llegó a ser Dean de la Catedral y Vicario Capitular de la Diócesis de Guayana, cargo vacante por el ascenso de Guevara y Lira al arzobispado de Caracas.

         Durante el provisorato de Aristeguieta se terminó de construir la Torre de la  Catedral e igualmente se levantó el Templo de Santa Ana en la entonces llamada calle Amazonas hoy Guzmán Blanco, sobre una casa donada para tal fin por la señora Ana María Méndez de Pulido, según documento público  del 31 de enero de 1856. Vino a ser la segunda iglesia de la ciudad y fue bendecida por el Obispo entrante doctor José Manuel Arroyo y Niño.

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