domingo, 4 de agosto de 2013

Los Petroglifos de Guayana

grabados del dios de los Tamanacos
Lo petroglifos diseminados por todo el territorio de Guayana habrían sido grabados por el propio Amalivac con el fin de dejar testimonio de su paso creador por estas tierras.

Amalivaca o Amalivacá o simplemente Amalivac, es el héroe cultural de los Tamanacos, según leyenda recogida y publicada por el misionero jesuita italiano Felipe Salvador Gilij en el siglo dieciocho.
Los Tamanacos constituían un pueblo indígenas en el Orinoco central, de filiación lingüística Caribe, hoy lamentablemente desaparecido.
Conforme a esa leyenda en la que se recrea el escritor colombiano Rafael Gómez Picón, Amalivaca fue el creador del Orinoco y el salvador de la especie humana después del Diluvio. Lo petroglifos vendrían a ser testimonio de su paso creador por estas tierras que el primer navegante de occidente confundió con el Paraíso.
Amalivacá visitó en dos ocasiones al pueblo Tamanaco y antes de ausentarse para no dejar sino la esperanza de volver, hizo un extenso e intenso recorrido en su barca, acompañado de su hermano Vochi y seguido de su gran cohorte de toninas, para grabar vivencias en las superficies de las rocas que las aguas iban dejando al descubierto.
Grabó las figuras de los astros, de los propios indígenas y de otros seres y  animales que habían podido salvarse como la rana, la serpiente, las aves, el cocodrilo, el jaguar. De esta forma fue dejando constancia de su tránsito no sólo en la Encaramada, Capuchino, Cerro del Tirano, Caicara, el Paso de Cedeño, sino también en varios lugares del alto río o en las riberas del Casiquiare como lo demuestra el peñasco de Culimacar o en el río Manapiare, así como en los lejanos Esequibo y Río Branco o en el riñón de la Guayana inglesa o del Brasil.
Los petroglifos descubiertos en otros lugares de Guayana como Guri,  Candelaria, el Yuruari y el resto de Venezuela habrían sido reproducidos por generaciones sucesivas de indígenas de distintas lenguas y en su propio lenguaje.
Los estudiosos de las diferentes ramas de la antropología que sustraídos de las leyendas, quieren otorgarle otro significado más lógico y objetivo a los petroglifos, lo atribuyen, como es el caso del Walter Dupuy, a motivos religiosos propios de los antiguos pueblos animistas.
Los eternos buscadores del Dorado creen que tales dibujos corresponden a cifrados sobre tesoros ocultos. De allí los numerosos petroglifos de comprobado valor etnográfico expuestos ordinariamente a la destrucción como las rocas grabadas de Las Lajita en la zona del Cuchivero y en la Piedra del Sol y la Luna de Santa Rosalía donde se ven socavones hechos por personas que buscan el oro de Amalivac.
A Gallegos, cuando estuvo en Guayana, acopiando material literario para su novela Canaima, le contaron la creencia de algunas etnias según la cual los indios cuando navegaban en sus curiaras y veían alguna piedra o roca grabada, la rehuían en la creencia de que tales petroglifos tienen que ver con maleficios y seres extraños que habitan en las profundidades del río debajo de esas rocas. De manera que para protegerse y librarse de ellos, se aplicaban ají bravo en los ojos si no encontraban una venda fuerte y oscura que ponerse, pues la tradición les dice que sólo pueden verlos quienes no son ignorantes de sus misterios. La leyenda aseméjase un tanto a la grecolatina de las Sirenas que hechizaban de tal modo con su canto que los navegantes que éstos  para evitar estrellar sus naves contra las rocas, se tapaban los oídos.
Aunque la región Guayana está minada de figuras rupestres, quizás las más conocidas hasta ahora sean los Petroglifos de Guri, dada la destacada divulgación que tuvieron por efecto de la Operación Rescate de 1968, llevada a cabo por CVG-Edelca ante la proximidad de represar las aguas del Caroní en función de la Presa Hidroeléctrica,
En esa memorable ocasión  se rescataron 29 piedras con un total de 75 dibujos curvilíneos y rectilíneos unos, otros triangulares y circulares y las demás, figuras de aves, mamíferos y dibujos antropomorfos.  De todos, llamó poderosamente la atención  la figura de unos siameses o gemelos unidos y repetidos  aparentemente simbolizando  el mito de la creación.
Los estudiosos especialistas hicieron una valoración que tuvo repercusión no sólo de los medios científicos sino artísticos, pues unos destacaban el estilo naturalista, realista y figurativo de esos dibujos primitivos frente  al inmenso número de petroglifos geométricos hallados en otras partes de Venezuela.  En esa ocasión Walter Dupuy pensaba que algunas de las figuras posiblemente  representaban a las deidades que habitarían el paisaje circundante a juzgar por la creencia de los pueblos remotísimos en el tiempo, cuyos artífices la expresaban así en dura roca,
A las pinturas rupestres halladas en la Cueva del Elefante por el doctor Mario Sanoja y la licenciada Iraida Vargas, investigadores de la UCV, le atribuyen también sentido mágico religioso a juzgar por la forma como los rayos del Sol inciden en horas de la tarde en el fondo de la cueva donde están  figuras humanas y de animales como lagartos, pájaros, venados, círculos y raras combinaciones de líneas.



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